“Mi confrontación con la docencia”
Estudié la carrera de Licenciado en odontología en el Instituto Politécnico Nacional, mientras cursaba la carrera tuve la oportunidad de dar asesorías en el INEA a nivel primaria y secundaria (siempre me ha gustado compartir lo que yo he aprendido y ayudar a mis semejantes), egrese de la carrera en el año 2000, pero con mucho trabajo y dificultades logré establecer mi propio consultorio, sin embargo los recursos económicos que se obtenían con el consultorio eran insuficientes para cubrir la deuda que contraje para montarlo, por lo cual inicie la búsqueda de otra fuente de ingresos; que fuese constante, segura, en la cual pudiera hacer antigüedad, que no requiriera de largas jornadas y sobre todo en la cual me pudiera seguir capacitando, por lo que me inicié formalmente como docente en el año 2006. Yo al igual que, como menciona Esteve en “La Aventura de ser maestro”: la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...).
Siempre he disfrutado dar clases, desde que estaba en el INEA, y a pesar de haber dado asesorías a adultos me resultaron terribles mis primeros días de clases como docente, jamás me imaginé que la diferencia fuese tan abismal y nunca tomé en consideración esto, pues ahora había que tratar con adolescentes, jóvenes que en la mayoría de los casos no tienen metas establecidas, que su mayor interés es la diversión, el chat, el antro, que se encuentran ansiosos de saber de sexo y drogas, pero poco les interesa saber de química, biología o matemáticas, por lo que era un doble reto pues no sólo había que “enseñar” a los alumnos la asignatura, sino que también había que despertar el interés por aprender, labor muy difícil y desde mi perspectiva casi imposible. Así que me consideré incompetente para llevar a cabo esta labor, al igual que Esteve pensaba: si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase?, aún así no abandoné el empleo, pues me sentía comprometida con los muchachos y me parecía muy poco ético no concluir el semestre con ellos, por lo cual continué.
Todo mi primer semestre fue terrible, llegó el siguiente semestre y estaba a punto de renunciar, pero ya no me sentía como cuando inicié, de hecho en el transcurso del semestre que había concluido hubo notables diferencias en mí, ya no me sentía con pánico de enfrentarme a esos adolescentes descarriados, había encontrado maneras de captar su atención, ¿cómo?, bueno primero preparando a conciencia la clase de inicio a termino y procurando adelantar dos o tres temas más, por si se me acaba la dosificación del tema antes de lo previsto, de esta manera los jóvenes siempre tenían una actividad que realizar, además también les dejaba investigar el tema del día siguiente, así por lo menos participarían en clase y ya no sería yo la única que tendría que saber del tema de día. Después poco a poco empecé a medir más el tiempo y a dosificar mejor los temas por clase, y con ello dejé de sentirme tan presionada y estresada. Comprendí que no tenía ser yo siempre quién diera el tema, sino que también mis alumnos tenían la capacidad para investigarlo, desarrollarlo y explicarlo, como menciona Esteve en su texto: “finalmente tuve la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos”, con ello logré liberar tensiones y sobre todo preocuparme más de aprovechar lo que alumnos saben que pensar en todas las deficiencias que traen a cuestas. Continué posteriormente pidiendo consejo de los compañeros con más experiencia que yo, en cuanto al manejo de conducta y disciplina de los alumnos más desordenados y groseros, me apoye mucho de los orientadores, también, para controlar los casos más difíciles en cuestión de disciplina y aprovechamiento escolar. Realmente apenas me empezaba a dar cuenta que en la escuela existe un equipo de trabajo y que cada quien tiene funciones específicas y que no sólo yo era quien tenía que cargar con todas las deficiencias académicas y de disciplina que se presentaban en mis grupos. No debemos caer en la idealización hemos oído repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie nos ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes,. Pero pues nadie nos dice cuál es la ruta a seguir, sino que es la experiencia (se aprende a ser profesor por ensayo y por error) la que nos va dando el camino a seguir, y todas esas dificultades que se me presentaron me han hecho consolidar mi labor como docente, aún hoy en día tengo mucho que aprender, pues cada grupo y cada generación es totalmente diferente, por lo que hay que buscar nuevas estrategias didácticas y mejorar las que hemos desarrollado, no basta con saber mucho de tal o cual tema, hay que saber transmitirlo y despertar ese interés en nuestros alumnos por aprender y sobre todo amar nuestra labor docente, convencernos de que esto es realmente lo que queremos hacer y no verlo como un empleo más, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros.
Realmente estoy convencida que el ser docente ofrece muchas bondades, me permite pasar más tiempo con mis hijos, disfrutar de períodos vacacionales más largos que en otros trabajos, capacitación constante y sería el trabajo ideal de no ser por los sueldos, sin embargo todo lo anterior compensa esta parte negativa.
Las circunstancias me llevaron a ser docente, más sin embargo hoy me siento docente porque me encuentro convencida de que es, lo que quiero ser, amo y disfruto estar frente a mis grupos y todo ello me llena de satisfacción y orgullo, seguiré siendo docente hasta que Dios me lo permita. Hoy en día mi lema es: “Soy docente por convicción y no por circunstancia”.
Actualmente me encuentro cursando la Especialidad en Competencias docentes, en donde he aprendido mucho, sobre todo, el cómo explotar el gran uso que los jóvenes estudiantes hacen del internet. Es una experiencia gratificante, pues me ha ayudado a planificar de manera más consciente mis clases y sobre todo a ir poco a poco adaptando al modelo por competencias que se establece en la RIEMS.
Verónica Araceli Guerrero Pineda.
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